Resilencia se define como la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas, y ser transformado positivamente por ellas. Aquí hablaremos también del Crecimiento Postraumático o CPT, que tiene que ver con la segunda parte de la definición. Existe poco consenso a la hora de separar los dos términos, ya que hay autores que consideran que la resiliencia implica crecimiento.

Beatriz Vera señala en su libro que “uno “está” mas que “es” resiliente”, frase que puede servir para abrir un interesante debate: ¿no hay parte personológica en esto?; carácter resiliente versus estado resiliente. Personalmente, discrepo con la manera que tiene de entender la resiliencia, ya que también afirma que “en la resiliencia nunca se ve alterado el funcionamiento normal”. No creo que sea una cuestión dicotómica (según la cual o eres resiliente –y por lo tanto, no te afectan las situaciones que sí afectan a la mayoría de la población- o no eres resiliente –y por ende, te verás afectado psicológicamente ante situaciones excepcionales negativas-). De hecho, “si nunca se ve alterado el funcionamiento normal”, pongamos por ejemplo, tus hijos son asesinados de un modo violento, creo que sería más correcto hablar de psicopatía que de resiliencia.

A mi modo de entender, la resiliencia es una capacidad o característica que existe en un grado determinado –lo que a la vez abre la posibilidad de desarrollarla o potenciarla-. Quizás la mejor conceptualización es como factor protector. Si una persona pone en marcha su capacidad de resiliencia ante una situación catastrófica, pueden ocurrir dos cosas:

  1. a) que le permita protegerse de –y por lo tanto no verse afectado por- la psicopatología que afectará a un porcentaje muy significativo de la población que también viva dicha situación.
  2. b) que además de esa ausencia de consecuencias psicopatológicas, la persona desarrolle lo que se conoce como crecimiento postraumático; esto es: obtenga algún aprendizaje subsecuente al trauma que le permita mejorar algún aspecto de su vida con respecto al “antes del trauma”.

¿De dónde viene la resiliencia, cómo surge esa luz en medio de la oscuridad? Es muy probable que tenga que ver con la autoeficacia que proclamaba Bandura, y a su vez, ésta con el tipo de cosas que la persona se dice a sí misma ante las situaciones. Con un diálogo hacia uno mismo del tipo “tenía que haber actuado de otra manera”, “pude haberlo evitado”, las emociones negativas, el sentimiento de culpa, el miedo a que vuelva a ocurrir, pueden tener un efecto paralizador o depresógeno que por supuesto poco o nada tiene que ver con la resiliencia o el carácter postraumático. Por el contrario, pensamientos del tipo “es terrible pero ya que he sobrevivido puedo buscar un nuevo sentido para mi vida”, promueven cambios positivos.

Según Calhoun y Tedeschi se pueden producir 3 tipos de cambios que deriven en el crecimiento postraumático:

  1. a) cambios en uno mismo
  2. b) cambios en las relaciones interpersonales
  3. c) cambios en la espiritualidad y filosofía de vida.

Experimentar gratitud es uno de los ejercicios que favorecen dicho crecimiento (sentirse agradecido por haber sobrevivido o por los aprendizajes consecuentes al trauma), y la actitud más positiva hacia las cosas cotidianas de la vida. Supone un trato más amable con uno mismo, con los otros y con las situaciones en general.

 

Es comúnmente conocido el choque de realidad que viven las personas que tienen experiencias cercanas a la muerte. Sobrevivir a un cáncer, a un accidente de tráfico o escaparse de un violador, tiene un efecto, en el menor de los casos, que provoca el relativizar los problemas o la importancia relativa de ciertas situaciones que manteníamos previamente a la ocurrencia del suceso. Los estudios sobre resiliencia tienen el gran reto de conseguir que las personas lleguemos a ese estado en el cual reduzcamos la importancia subjetiva de las cosas que nos afectan negativamente, sin tener que pasar realmente por un proceso traumático. ¿Cómo podríamos experimentar los beneficios que en ocasiones generan las situaciones traumáticas sin llegar a padecerlas?

Según las revisiones de Bonanno (2005) existen 4 tipos de respuestas subsecuentes a la vivencia de una situación traumática.

1) Trastorno (TEPT) crónico: en un 10-30 % de los casos

2) Trastorno demorado: en un 5-10%

3) Recuperación: 15-35 %

4) Resiliencia: 35-55 %

resiliencia y crecimiento postraumatico

Figura 1: Trayectorias prototípicas de la interferencia de un suceso traumático, en el funcionamiento normal, a lo largo de dos años (Bonanno, 2005).

La respuesta resiliente es la más frecuente de entre las 4 posibles. Es por esto que podemos hablar de Crecimiento Postraumático: posibilidad de aprender y mejorar a partir de los sucesos traumáticos de la vida. Calhoun y Tedeschi (1999, p. 11) proponen otra definición: “cambio positivo que un individuo experimenta como resultado del proceso de lucha que emprende a partir de la vivencia de un suceso traumático”.

Muchos datos confirman que realmente tras un trauma, la respuesta más frecuente es la positiva (resiliencia y/o crecimiento postraumático), y no el trastorno por estrés postraumático, en contra del pensamiento más extendido hasta ahora. Por lo que, además de agradecer a la Psicología Positiva por dichas evidencias científicas, ahora faltaría descubrir cómo podemos potenciar o facilitar las habilidades resilientes y de CPT en las personas, de modo preventivo, para minimizar la aparición de trastornos o cualquier tipo de efectos psicológicos negativos consecuentes a eventos traumáticos. Como encuentran Ho, Chan y Ho en 2004, el afrontamiento positivo fue el determinante más importante de crecimiento postraumático en supervivientes de cáncer, así que el desarrollo e implementación de programas eficaces de afrontamiento positivo en diferentes áreas es el nuevo reto a conseguir.

La adversidad es algo inevitable, si no existiese lo difícil, lo negativo, lo dramático… ¿cómo podríamos entender o siquiera percibir lo magnífico, lo excepcional o lo satisfactorio? Sería imposible conceptualizarlo así, porque sin el lado negativo, lo que ahora llamamos “positivo” sería sólo rutina. Una crítica habitual a la Psicología Positiva es que es un movimiento que prescribe las emociones positivas (como necesidad o deber moral), y/o se olvida del sufrimiento y las emociones negativas, como queriendo decir que llorar no es bueno o no sirve. Esta concepción es errónea, si desde la Psicología Positiva invitásemos a olvidar o no procesar lo negativo, estaríamos invitando a la disociación o al mantenimiento del proceso traumático, y la psicopatología es justo lo que quiere evitar, siendo esto el 50% del interés de la promoción de la resiliencia, junto con el 50% restante orientado a conseguir el crecimiento.

resiliencia y estres postraumatico

  1. Estas referencias han sido extraídas del texto del DEA de Covadonga Chaves, con permiso de la autora.

Si quieres saber más, recomendamos:

Cyrulnik, B. Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Ed. Gedisa. Madrid, 2002

RESILIENCIA-Nacional:

Vera, B. (2004). Resistir y rehacerse: Una reconceptualización de la experiencia traumática desde la psicología positiva. Revista de Psicología Positiva, vol. 1

Maddi, S. y Martínez, M.L. (2008). La personalidad resistente: promoviendo el crecimiento ante condiciones de estrés. En C. Vázquez, y G. Hervás (ed.), Psicología Positiva Aplicada. Bilbao: Desclée de Brouwer.

RESILIENCIA-internacional:

Bonanno, G.A.(2004) Loss, trauma and human resilience. American Psychologist, 59(1):20-28

Cyrulnik, B.(2002) El murmullo de los fantasmas. Madrid. Gedisa,2003 Iago